El grito (Edvard Munch)
El grito es un grito sobre el sentido de la existencia. Ante la angustia existencial hay dos soluciones: olvidar las preguntas que no tienen respuesta y huir, que es la postura adoptada por los dos paseantes que siguen las líneas rectas hacia la inexistencia del punto de huida; o bien dudar de la propia existencia. Esta última es la que adopta el “gritador”. Su cuerpo, sus manos, su cabeza, su boca, su grito se diluyen en las líneas curvas del océano y el cielo fusionándose. El ambiente, las leyes, las reglas de la sociedad, simbolizadas por la balaustrada derecha, no pueden detener esta disolución. La fuente de inspiración para El grito podría encontrarse, quizá, en la atormentada vida del artista, un hombre educado por un padre severo y rígido que, siendo niño, vio morir a su madre y a una hermana. En la década de 1890, a Laura, su hermana favorita, le diagnosticaron una dolencia bipolar y fue internada en un psiquiátrico. El estado anímico del artista queda reflejado en estas líneas, que Munch escribe en su diario hacia 1892: “Paseaba por un sendero con dos amigos –el sol se puso- de repente el cielo se tiñó de rojo sangre, me detuve y me apoyé en una valla muerto de cansancio –sangre y lenguas de fuego acechaban sobre el azul oscuro del fiodoro y de la ciudad- mis amigos continuaron y yo me quedé quieto, temblando de ansiedad, sentí un grito infinito que atravesaba la naturaleza.” El cuadro fue expuesto por primera vez en 1893, formando parte de un conjunto de seis piezas titulado Amor. La idea de Munch era la de representar las distintas fases de un idilio, desde el enamoramiento inicial a una rotura dramàtica. El grito representaba la última etapa, envíenla en sensaciones angustiosas. La obra no fue muy bien acogida por la crítica y, el conjunto Amor fue clasificado como “arte demente” (más tarde el régimen nazi clasificó a Munch de artista degenerado y retiró todos los cuadros que había en una exposición en Alemania). A finales del siglo XX, El grito adquirió estatus de icono cultural que comenzó en el período post-segunda guerra mundial. En 1961 la revista Times utilizó la obra en la portada de su edición dedicada a los complejos de culpa y a la ansiedad. Entre 1983 y 1984 Andy Warhol realizó una serie de estampaciones de seda sobre las obras de Munch. La idea fue desacralizar la pintura devaluando su originalidad y conviertiéndola en un objeto de reproducción en masa. |